Crónica del viaje a Salamanca

Una de las cosas que caracteriza a un tuno es el hecho de que nunca le faltarán camaradas de otras tunas que le conviden a alguna andanza o travesía. Y así es como comienza este relato: con una invitación por parte de nuestros amigos de la Tuna de Ingeniería de Caminos para aventurarnos en un viaje a la ciudad de Salamanca, ciudad juvenil y estudiantil y hogar de la primera Tuna conocida en España. Por ello es por lo que ni un servidor, ni la muy Noble y Andariega Tuna a la que pertenezco pudimos rechazar la oportunidad de volver a visitarla para unos y conocerla por primera vez para otros.

La primera etapa de este viaje comienza en el carro con el que partí hacia la urbe en compañía de maese Limitado, maese Heavy y un pardillo de nuestros amigos de caminos con quien entablé amistad desde el principio. El viaje transcurrió grato y gustoso y tuve la oportunidad de escuchar por primera vez anécdotas tunantes y así comenzar a entender lo que realmente era ser tuno y pertenecer a una liga tan antigua, noble, gloriosa y seria del mundo estudiantil y universitario como es la tuna.

Al llegar a la comarca de Castilla y León, pude avizorar los primeros molinos en el horizonte y ya al llegar a la urbe pude contemplar estupefacto la gran obra que caracterizaba a esta metrópoli: su Catedral.

Una vez ya en la ciudad y con los atuendos, ya puestos, que caracterizan al tuno y al pardillo, grillo en uno y disfraz en otro, nos dispusimos a depositar nuestros bártulos en nuestro lugar de hospedaje.

Una vez sosegados y apaciguados tras el largo viaje, conocimos a las integrantes de la Tuna femenina de Salamanca que con toda su amabilidad nos hicieron de guía durante la primera noche la cual la pasamos tañendo nuestros instrumentos en mesones y bebiendo bebidas espirituosas y a altas horas de la madrugada salimos en busca del festejo salamantino. A cerca de esta Tuna femenina, cabe decir que sus artes en tañer sus instrumentos eran más que apreciables. También tuve la oportunidad de conocer más pardillos de caminos que me ilustraron sobre el cómo obrar del pardillo.

La segunda jornada transcurrió entre ensayos y anécdotas de tuna y un servidor tuvo la oportunidad de aprender a tañer su primera canción y ya cuando el fulgor diurno se extinguió, salimos a conocer más posadas del lugar y ulteriormente salimos en busca de festejo de nuevo. Sin embargo, de esta última noche no podría ofrecer más detalles ya que sin darme cuenta caí en brazos del dios Baco….

Crónica del viaje a Bélgica.

Muchas veces pensara el lector, ávido de conocer nuestros motivaciones, que qué es lo que impulsa al tuno a viajar. Muchas veces un servidor se lo ha preguntado.

La última vez fue en el estrecho asiento de un avión destino a Bruselas.

Si, nuestro fin era llegar a Bélgica, reino famoso por su rica cerveza y su suculento chocolate. Hogar antaño de los tercios. Cuna de los pintores flamencos.

Cierto es que al tuno que propuso el destino no le hizo falta comentar todo esto pues solo habiendo enumerado el tema de la cerveza, algunos ya estaban preparando el equipaje.

Nuestra primera etapa de viaje, como ya antes mencione, era la ciudad de Bruselas. Una ciudad de altos contrastes, en la que se mezclan las arquitecturas renacentistas y barrocas con los altos rascacielos que cobijan el gobierno europeo.

Una vez alojados nos dispusimos a visitar la ciudad. Allí topamos con hombre que nos propuso tocar para una fiesta que daba. Resulto que el convite se celebraba en su tienda, una boutique de cervezas como ellos las llaman, que se encontraba en una esquina de la Grand Plaza .

Gusto tanto de nuestras tonadas que, cuando termino la fiesta, nos dejo allí a cargo de su barman particular, retándonos a probar toda la variedad de cerveza belga.

Aceptamos el reto, antes de saber que en Bélgica existen más de 1300 tipos de este particular caldo. Poco más puedo contaros de esa noche. Pues mi mente se nublo con el embrujo de Baco. Más si he de decir que justa es la fama de los belgas, pues quizás no la beban tan bien como nosotros, mas si saben elaborarla con el mejor de los gustos.

Ávidos de nuevas aventuras, nos apresuramos a partir a la siguiente etapa de nuestro viaje.

Gante. Una de las capitales de la tierra de Flandes.

No he decir mucho de esta ciudad, que si bien fue la más bonita de cuanto vi en mi viaje, también destacaba por lo inanimado de sus gentes, que con pequeñas excepciones, eran de temprano madrugar y más pronto acostar. Asaz incompatible con el espíritu de la estudiantina.

Aunque no debo seguir sin antes dedicar nuestro más profundo agradecimiento a una galleguiña que nos hizo sentirnos como en casa.

Brujas era el nombre de la penúltima etapa de nuestro viaje.

Ciudad impactante y llena de vida.

Quizás por miedo a que sus mujeres tuviesen algo que ver con el nombre de la ciudad decidimos irnos con un grupo de chicas extremeñas con las que tuvimos el placer de compartir “mas” cerveza, historias y anécdotas, canciones y una divertida noche de hotel.

La que iba a ser nuestra última parada era la ciudad de Amberes, orgullosa de su bonita catedral y con una concentración de bares bastante similar a la de España. Nunca antes nos ocurrió algo similar pues para recorrer los escasos 100 metros que nos separaban de nuestro hotel tardamos mas de 3 horas pues en cada terraza había algún parroquiano dispuesto a escuchar nuestras melodías a cambio de, que si no, mas cerveza.

Como aun nos sobraba tiempo antes de regresas, decidimos hacer una visita a nuestro amigos de la Tuna Universitaria de Maastricht, los cuales nos agasajaron con una hospitalidad impagable. Pero eso es otra historia.

De vuelta en mi de nuevo reducido asiento del vuelo hacia Madrid, me plante de nuevo la pregunta del principio.

Otra vez se quedo sin respuesta, aunque si algo saco en claro de mis experiencias vividas en Flandes es que aprendí a valorar una buena copa de vino tinto, como sustituto ocasional de la cerveza.