Viaje Europa Central 2019

Como es costumbre, el tuno se pregunta por las inquietudes que le motivan a viajar. En esta ocasión, esta pregunta se nos formuló mientras nos encontrábamos rumbo a Europa Central.

Así es, este nueva viaje comienza en tierras húngaras donde por capricho del destino, incapaces de llegar a nuestro apartamento, dimos con el Cheers, un pequeño a la vez que encantador bar de Budapest, donde pudimos entonar varias de nuestras canciones y disfrutar de ese famoso brebaje obtenido de la cebada. A su vez, Budapest nos sorprendió con sus Ruins Pubs donde nos encontrábamos rodeados por mujeres de todas las nacionalidades menos la húngara, destacando, sin duda, un pequeño grupo de francesas con la que pudimos alargar la noche en nuestro apartamento hasta ya avanzada la mañana.

Tras disfrutar unos de unos días en la capital húngara, tomamos un autobús a Zvolen, una pequeña ciudad de Eslovaquia donde estuvimos invitados por nuestros grandes amigos de la Tuna de Montes de la UPM, desde aquí nuestro mayor agradecimiento. En este simpático lugar disfrutamos de un concurso de música folclórica europea al que estábamos invitados. Nuestros días en Zvolen podrían resumirse en mañanas amenizando la plaza mayor donde tocábamos a la vez que remojábamos la garganta con, como no podía ser de otra manera, una cerveza bien fría. Las tardes las pasábamos repasando y posteriormente tocando nuestra actuación. Y finalmente en la noche, nos reuníamos todos los grupos del concurso en el salón de actos de la residencia donde dormíamos y armábamos una fiesta, noche si y noche también, con la musica tradicional de cada uno, borovicka casero y bailes tan dinámicos como interesantes.

Con el buen sabor de boca que nos habían dejado los locales, decidimos proseguir nuestro viaje con dirección a Bratislava. Mientras visitábamos la ciudad nos encontramos repetidas veces con un alegre grupo de ingleses que cada vez nos pedían nuevas canciones, invitándonos a cambio la comida de aquel día. Por la tarde, fuimos a parar a un pub donde un enamorado nos pidió que entonásemos una canción para su amada y sin saber muy bien como había pasado, dé repente estábamos rodeados de gente que deseaba escuchar una de nuestras canciones y en agradecimiento nos recompensaban con jarras y jarras de cerveza, hasta tal punto, que tuvimos que escabullirnos para poder cenar algo y volver unos minutos después. Poco más puedo contar de esa noche, pues se nublaron mis recuerdos.

Llegando al final de nuestro viaje, visitamos Viena donde la suerte nos dio la espalda, ya que un mal día juntado con una lluvia casi constante nos limito a simples turistas en busca de alguna oportunidad que poder aprovechar. Incapaces de tocar por falta de licencia y restaurantes vacíos, anduvimos por la ciudad admirando su arquitectura, para terminar disfrutando de una cerveza en la tranquilidad de nuestro apartamento, sabiendo que no todos los días la vida le sonríe a uno.

Finalmente, decidimos pasar nuestro último día donde habíamos comenzado, Budapest. A pesar de llegar entrada la tarde, nos dimos prisa en visitar los restaurantes que tan bien nos habían tratado la primera vez. Una vez hechas las visitas de rigor, caminamos rumbo a una de las discotecas mas conocidas, donde permitían el truque de dos vasos por una cerveza. Esto alimentaba nuestra picardía, cualidad muy necesaria en la vida de todo tuno.

Tras gozar una vez más de la vida nocturna de esta ciudad, cogimos con tristeza el avión de vuelta al hogar, pues nuestro viaje llegaba a su fin. Y es aquí, en nuestro viaje de regreso, donde intentamos contestar esa pregunta que se nos formuló al inicio. Incapaces de darle respuesta, esperamos con ansias nuestros próximos destinos en la búsqueda de este conocimiento