Viaje a Segovia y Salamanca 2020

Cuatro tunos emprendimos rumbo a las hermosas tierras castellanas que originan grandes anécdotas históricas de nuestra España querida, siendo ésta una más acontecida.

Tomando el recorrido desde Madrid como el poeta Machado, de cuya generación son también Titanic e Inmaculado, acaece la primera de las anécdotas del viaje en la ciudad de Segovia, cuya llegada no dejó indiferentes ni a la burra ni a la novia.

Nada más llegar, no pudimos resistirnos a hacernos una foto frente al acueducto romano, construido a finales del reinado de Trajano, o principios del de Adriano.

Con las ganas de agarrar nuestros instrumentos y ponernos a tocar, nos adentramos en los más tradicionales y exquisitos restaurantes del lugar, donde los comensales acompañan alegremente, entre vinos y copas, las letras de nuestras más famosas y alegres coplas.

La cerveza parecía llegar a su fin cuando nos dimos cuenta de que ya se terminaba el día de San Valentín, pero aunque sea triste amar sin ser amado, más triste es salir de tuna sin haberse emborrachado. Así que, cogiendo energías para volver al día siguiente, gracias a Puro pudimos descansar en un sitio que no fuese de mala muerte.

Recién levantados nos topamos por la mañana del sábado soleado con uno de los restaurantes hasta arriba reservado, turistas con ganas de comer cochinillo, exquisito manjar, y cuatro tunos con ganas de cantar.

Y hablando de manjares y de Segovia, junto a las aguas del manantial de Fuenfría, no pudimos resistirnos a comer un manjar de Turquía, y os preguntaréis: ¿por qué no os embaulasteis una buena costilla? Pues tendría sentido, de no ser porque ancha es Castilla.

Puestos a hacernos preguntas, como si de un texto filosófico se tratara, preguntémonos mientras partimos rumbo a nuestro segundo destino, ¿por qué casó Marifranca a cuatro leguas de Salamanca? Dejaré para el final esta reflexión, mientras cuatro tunos llegan a la ciudad más noble de Castilla y León.


Un vasco fue desde Bilbao a las tierras de Salamanca hace tiempo, y dominando la pluma, hizo el mismo viaje que ahora hace el vasco Aupa, que solo domina el gusto por la tuna. Dicho vasco fue un filósofo literario llamado Miguel de Unamuno, que aunque llegase a ser intelectual, nunca llegó a ser tuno.

Fuimos bienvenidos a la ciudad de Salamanca, que a unos sana, a otros manca y a todos deja sin blanca y, aun así, no nos faltó de nada tras haber sido bien recibidos con pan y agua, de Salamanca.

El día se nos hizo tan cantor que dimos un espectáculo en la Plaza Mayor. Entre turistas y estudiantes nos divertimos bastante, e incluso nos pusimos a cantar una canción de Sabina que hablaba de Torrelodones mientras nos tocábamos los acordes.

Saliendo de fiesta con bellas mujeres castellanas, la gente nos miraba raro como si de algo raro se tratara; hasta que me di cuenta de que lo que realmente les llamaba la atención era nuestra indumentaria.

Entre la gente mirando, tú te me acercaste y entonces, entre capas y capillas, me hiciste una pregunta en este municipio de Castilla, pues, a pesar de ser una ciudad universitaria, bien sabido es que Salamanca no hace milagros: el que va jumento, no vuelve sabio; y al igual que yo me pregunto, con cierta ignorancia: ¿por qué casó Marifranca a cuatro leguas en Salamanca? Tú, en cambio, me preguntas, con cierta duda: ¿qué es la tuna?

¿Qué es la tuna? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es la tuna? ¿Y tú me lo preguntas? La tuna… eres tú.