Viaje a Londres

 

 

 

 

 

 

 

El motivo de este viaje, además de visitar tierras londinenses, era para ver a nuestro compañero Suministros que actualmente vive allí. Todo comenzó muy de madrugada en el aeropuerto de Barajas, tan temprano era que aprovechamos esa misma noche para perdernos en los bares de Madrid. Nuestra primera sorpresa al llegar al aeropuerto de Gatwick fue el precio y lentitud de los trenes de allí.

Tras unas horas en tren por fin llegamos a Slough donde se encontraba la residencia de nuestro compañero, donde nada más salir de la estación, el destino hizo que nos encontramos con Cancamón antiguo tuno de topografía, el cual nada más vernos nos recibió con una calurosa bienvenida y con ánimo de tomar unas pintas. Entramos en el primer bar que encontramos, el típico pub irlandés de madera con cervezas de todos los colores y sabores, y al menos para un servidor un verdadero paraíso, empezamos a tocar canciones y la cara seria y tristona de aquellos lugareños se transformó en risas y aplausos, hasta nos pusieron unas tapas, algo inimaginable en tierras anglosajonas, con sus numerosas cervezas de acompañamiento. Lo más gracioso de “nuestro bar de confianza” es que estaba a 4 metros de la casa de Suministros, donde nos recibió Cristina su compañera de piso, una chica que seguro que nos echa de menos. Al llegar Suministros nos fuimos directamente a Windsor un lugar precioso con un castillo espectacular donde además cantamos en los bares de la zona, pero como todo cerraba pronto volvimos a “nuestro bar de confianza” que al vernos, ahora si con más gente, nos recibieron como si fuéramos de la familia tanto que el jefe nos invitó a un desayuno típico de allí a la mañana siguiente.

Después de un desayuno tan cargado de proteínas estamos listos para viajar a Londres, donde nos recorrimos toda la ciudad tocando y cantando, alegrando a las gentes de la gran capital. Visitamos numerosos monumentos, hasta fuimos a la taberna más antigua del mundo. Acabamos en un bar del centro donde animamos la velada de las amigas de Cristina, además de la gente del bar, pero se hacía tarde y allí a partir de las dos de la mañana no hay nada asique decidimos volver a Slough, que sin quererlo acabamos de nuevo en “nuestro bar de confianza”. Sin duda hicimos bien ya que esa noche fue fantástica, habían venido un grupo de jóvenes irlandeses que no paraban de animarnos y de bailar con nosotros, es más uno de ellos se unió a tocar con nosotros con una especie de tambor con un palo. El bar ya cerraba pero la noche no se acababa los irlandeses nos invitaron a su casa, que por casualidad estaba enfrente de la nuestra, donde tras mucho cantar, bailar y reír, la madrugada nos dio alcance.

A la mañana siguiente nos dirigimos a Oxford, que por culpa de no madrugar no pudimos estar mucho tiempo, ya que teníamos que irnos a las 6 de la tarde de Slough para coger el avión, aunque este salía a las 7:30 de la mañana, asique si la vuelta fue muy dura, pero por fin llegamos a Madrid muy felices de haber hecho este estupendo viaje.