Crónica de un recién becado

En esta tuna tenemos tradiciones diferentes a las de las demás. Primero eres novato, te disfrazas te invitan a todo, no tienes ninguna responsabilidad etc… Después pasas a ser pardillo te sigues disfrazando pero empiezas a tener pequeñas “responsabilidades”, hasta que te mereces llevar un traje.

En este punto es donde empezamos a ser únicos en nuestro aprendizaje del buen tunar, ya que para llegar a ser becado,  se necesita pasar  una “prueba”. En ella me dijeron una frase que no se me olvidará: “Pardillo, demuéstranos que puedes ser Tuno” y hasta aquí puedo leer, dejando a la imaginación de los lectores lo que pudo o no haber pasado en el concilio…  Cuando terminó, fueron unos largos minutos esperando hasta que  me volvieron a llamar junto con mi compañero Wendy. Al final, nos dieron la enhorabuena: formábamos parte de esta gran hermandad.

Ahora bien, no eramos becados hasta que nos bequen como es lógico, y eso no ocurriría hasta tres meses y medio después, estábamos en una especie de limbo entre ser tunos y ser pardillos, sabíamos que nos iban a becar (o no), pero a la vez teníamos las responsabilidades de un tuno. Nos dijeron que eligiéramos a nuestro Padrino y nuestra Madrina, para la ceremonia de la imposición de beca. Elegí a Barragan como Padrino, y a una amiga como Madrina.

Tras esos meses de angustia, por fin llego el día deseado. El día antes del convinium, mis veteranos, y compañeros en unas horas, me dijeron de salir de fiesta. Llegué muy de madrugada a mi casa, y me había olvidado de aprenderme el juramento de la ceremonia. Despues de muy pocas horas de sueño, estaba ya en la Real Academia de Jurisprudencia, donde con nerviosismo y dolores de cabeza intentaba aprenderme el juramento.

Me tocó el primero, y recorrí el pasillo junto con mi Padrino que me animaba en voz baja, tome la sopa boba, picante como el demonio, y recité el juramento,  a decir verdad, sin muchos fallos. Mi Madrina me colocó la beca, y estallaron los aplausos de mi familia, amigos, y ahora si, de mis compañeros.

El resto ya os lo podéis imaginar, una gran cena, y mucha fiesta. Al llegar a casa con el Sol en lo alto, me di cuenta que esto solo era el principio y que, aunque el camino podía ser duro, sin duda iba a tener experiencias inolvidables