Crónica del Viaje a Perú: 3ª Parte

Nuestros días se en ultramar se acababan y ya pronto regresaríamos a España. Nuestros objetivos estaban cumplidos y la expedición rebosaba de optimismo y alegría.

Por eso, decidimos compartir nuestro éxito con nuestros hermanos de la Tuna de Derecho de San Martín de Porres. Nos vimos, otra vez en carretera con rumbo a Lima, atravesando los desiertos de Nazca y subiendo por la costa del Pacifico.

Pareciose que la Ciudad de Lima estaba complacida con nuestra venida, pues en pleno invierno austral nos sorprendió con buen tiempo y sol. Allí pudimos ver como la modernidad se mezclaba con los restos de la España colonial. La antigua costa del Callao ha sido absorbida por el increíble crecimiento de la ciudad. Y bajo los el amparo del cauce del río Rímac se levantan los suburbios sin control al contraste de los barrios costeros de Miraflores o San Isidro.

Coincidió nuestra llegada con las celebraciones del 35º aniversario de nuestros anfitriones que coronaron en un Certamen, donde nuestros solistas, maese Junior y maese Minero, consiguieron que volviésemos a España con el premio al “mejor solista” para aumentar nuestro botín.

Aun así, grande fue el precio que pagamos al final de nuestro viaje, pues dejamos el corazón en esas tierras. Lo poco que nos quedo de él, se encargaron de expropiarlo las chicas de la Estudiantina Femenina de la Universidad de Antofagasta, Chile, que también participaron en el certamen.
Puede que nos preciemos de haber conquistado muchos amores y bien puede que al ver a estas chicas de la estudiantina nuestro afán y empeño fuese en volver a hacerlo. Puede que nos lanzásemos al ciegas a la aventura y por supuesto, puede que hasta podamos sentirnos orgullosos de haber tenido éxito otra vez. Pero en honor a la verdad, lo más justo sería decir que esta vez el conquistado conquistase al conquistador y ellas, sutiles pero implacables, nos hicieron presa de su hechizo para no poder olvidarlas nunca más.

Poco más que decir sobre esto, salvo que nunca olvidare como amanece en el Pacifico con el Sol a tus espaldas.

Los días que restaban en Lima tuvieron un sabor agridulce.

La alegría de haber compartido tantos momentos contrastaba con las lagrimas al despedirse.
Ovejero recupero su chaqueta, que viajo con nosotros por todo Perú, y el últimos día, las chicas de Antofagasta y los chicos de Lima y nosotros terminamos en casa de Ovejero donde regamos las despedida con cerveza y miradas suplicantes al reloj.

Montamos en el avión rumbo a España cansado y exhaustos, pero felices. llenos de buenos recuerdos y con la maleta cargada de premios. Buenos amigos, que aun que queden al otro lado del Atlántico siempre quedaran cerca y experiencias que nunca olvidaremos

¿Fin..?

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