Crónica del viaje a Perú: Prologo

Queda como pacto entre caballeros que una visita efectuada por uno, se convierte en una deuda a saldar por el otro. Y así es como, tras la visita con la que nos honraron nuestro compañeros y hermanos de la Tuna de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres de Lima, Perú, durante nuestro 65º aniversario y homenaje a uno de nuestros fundadores, nosotros no podíamos faltar a su 35º aniversario desde su fundación.

Catorce tunos nos encontramos en el Aeropuerto de Barajas a tal fin a los que paso a nombrar. A las bandurrias iban Suministros, Duque, Sugerente y maese Otilio. Haciendo sonara las guitarras  estaban Tomatito, Alegrías y un servidor. Dirigiendo el ritmo la fila estaba Amapolo con la pandereta. Junior, con su Alhambra 11p, y Minero al laúd eran nuestros solistas cerrando de esta manera un equipo de lujo. Nos acompañaban los novatos Glucosa como abanderado y Wendy Sulca con su guitarra y para dar fe de este viaje nos se unieron a la expedición Obi-Wan de la Tuna de Ingenieros Industriales y, como tantas otras veces, Taison, de la Tuna de Ingenieros de Caminos.

Pero como hacía 18 años que la Gloriosa y muy Andariega no pisaba tierras andinas nos propusimos hacerlo por todo lo alto. Así pues, aprovechamos la ocasión para participar también en el Certamen Internacional de Tunas de Arequipa que celebraba su XXIV edición.

Y tras tantas diatribas, procedo a narrar esta historia. Una historia que nos llevara a recorrer las tierras del Perú, desde la ciudad colonial de de Cuzco hasta las ruinas de la imponerte Machu Picchu, desde la ciudad blanca de Arequipa hasta la gran urbe de Lima. La historia de un hermanamiento, un triunfo y una inundación.

Y de estas guisas nos embarcamos en un vuelo que si bien fue largo, no nos dejo ninguna anécdota mas que la llegada a Lima en la que, cansados y somnolientos, encontramos en el aeropuerto a Nuestros Hermanos de Lima, que nos dejaron ni un segundo de descanso. Un recibimiento digno de tal encuentro fue demasiado para nuestros agotados cuerpos. Un servidor, acabo dormido al minuto 2, pero si he de contar lo que las malas lenguas dicen, otros compañeros recogieron el guante de nuestro amigos y salieron de fiesta hasta el amanecer.

Quiso el destino que durante el fraternal encuentro, Ovejero fue el más aguerrido de los limeños en estos menesteres de festividad. Tanto es así, que se embarco en nuestro viaje a través de los Andes para participar en con nosotros en el Certamen Internacional de Arequipa. También quiso el destino (y el Alcohol) que se quedase dormido con la guitarra en la mano y su traje de tuno ya calzado y no llego a tiempo al embarque. Aun así, su chaqueta aterciopelada nos acompaño como prenda intrépida de su audacia y su espíritu festivo nos acompaño en todas nuestras noches de ronda. Nos dejamos varias cosas en Lima, no solo a Ovejero. Pero nuestro destino era los Andes, tierra del Imperio Inca. Tierra de magia y misterio, de dioses paganos y extraños parajes. Y fue allí donde lo más importante que dejamos en Lima lo volvimos a encontrar en Cuzco y los atamos para siempre, para no perderlo nunca más en la cima de Machu Picchu.

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