Cronica del viaje a las Fallas

Siendo la noche del jueves tiempo de descanso de los cansados estudiantes y estudiosos de la Facultad de Derecho es propicio de santificarla pues ahogando unos tragos de buen vino, marcando así la entrada en fin de semana.

Casualidades de la vida, que un jueves cualquiera después de haber honrado la tradición antes mencionada, comencé a comentar con un compañero que hacia mucho que la estudiantina no partía de expedición. Vaya, fácil remedio encontramos esa noche, ya que animados por Baco nada nos parecía imposible.

Resulto que, siendo tres los trovadores ansiosos de partir, acordamos quedar en la facultad al día siguiente para partir, aun sin tener todavía el rumbo fijado.

Fue entonces, que en instantes de lucidez, las musas visitaron a Umbral (siendo todavía aspirante a portar beca y honra sobre sus hombros) que nos propuso visitar las tierras de levante, con motivo de la celebración de las Fallas valencianas.
Inmediatamente después de planificar el itinerario, partió este pequeño grupo de la Gloriosa y muy Andariega.

Llegamos pues en la noche del viernes a tierras del Cid campeador con la incertidumbre que tiene el forastero en tierras desconocidas, mas como siempre, fuimos salvados por la providencia que iba disfrazada de una hermosa mujer, la cual nos acogió encantada.

Decidimos pues, que como habíamos llegado ya con el ocaso muy atrás, no nos quedaba menester mas importante que la de conocer la noche valenciana regando nuestras gargantas de mixtela mientras entonábamos todo tipo de melodías.
Fue entonces cuando conocimos a una suerte de grupo de jóvenes que nos propuso tomarnos la penúltima copa, que trasegamos gustosamente, en un discoteca de la “Ruta del Bakalao”. Nunca imaginaríais encontraros con la Estudiantina en un lugar así, pero ciertamente aunque resulto extraño no nos dejaron marcharnos has tal las ocho de la madrugada mientras contagiábamos nuestra alegría al patio che.

La mañana, que no tuvo ningún tipo de compasión con nosotros, nos visito demasiado temprano anunciada por una tormenta de truenos y pólvora que en allí en valencia llaman mascletá. Así de mañana, y animados por los masclets, topamos con un grupo de asturianos, que deleito nuestros paladares con sidra natural mientras nosotros deleitábamos sus oídos con nuestras tonadas.
La noche del sábado, pues siendo la ultima noche antes del regreso decidimos echarlo todo y salimos citados, como el resto de valencianos a una verbena popular que se desarrollaba entre falla y falla, por todas las barriadas del centro de valencia.
Y así, acompañados por unas bellas señoritas levantinas recorrimos las calle de la ciudad hasta casi despuntar el alba.

Poco mas puedo decir de aquel viaje pues recuerdo que el sueño me venció cuando iniciábamos la ruta de regreso, mas se que si bien han de volver los juglares a aquellas tierras para que no se olviden de nuestras trovas, nosotros no podremos olvidar aquellas noches valencianas.

Limit dixit