Cronica del Viaje a Nueva York, Febrero 2012. (3ª Parte)

La siguiente anécdota que ocurrió fue dividida en dos noches entre nuestra estancia en el Bronx y la siguiente de vuelta a Brooklyn. Conocimos un lugar que regentaba un amistoso gitano búlgaro (el que anteriormente fue mentado) en el cual nos sentimos como en casa. Tras abrirnos las puertas en días anteriores dos compañeros de la Andariega, fuimos a juntarnos con tan variopinta gente dos días ya entrada la caída del sol, los cuales a cambio de nuestras canciones humedecían nuestras ya trabajadas gargantas en los restaurantes neoyorquinos. El primer día de sonatas y el segundo de bailes en una planta subterránea fueron embaucando nuestros corazones. Tal era la relación de admiración que nos mostraban que nos invitaron a la zona exclusiva en la que mujeres contoneaban sus cuerpos al son de modernas músicas, alegrando la noche de los presentes.

No se vaya a pensar el lector que sólo el ocio nocturno es fin nuestro en tierras ajenas, ya que nuestro ocio también lo compone el conocimiento del lugar. Con ese motivo fueron nuestra visita a Times Square (y nuestra cena en el ilustre restaurante en memoria del gran personaje Forrest Gump), la Estatua de la libertad, Ellis Island, el Memorial del 11S, Central park o a la ciudad de Washington D.C. En esta última ciudad apareciose de nuevo San Tuno tras largas horas en un autobús, junto al amaine de la lluvia y la figura de un caballero, que a cambio de tocar en su oficina (era uno de los altos cargos de la revista, muy querida por Ronald Regan, Human Events), nos llevó a nuestras mercedes a una apacible comida junto a “big fish” de la ciudad como un congresista, por ejemplificar tan destacada compañía. Cuando tan galante velada hubo concluido, fuimos a visitar el resto de la ciudad: Capitolio, Casa blanca, Palitroque, Memorial de Lincoln… En los que las gentes pedían el recite de algunos de nuestros sones, como una excursión de colegiales “alabamenses” que nos acompañaron en un bello pasacalles alrededor de la Corte Suprema..

Cerramos el viaje de vuelta con una actuación en el aeropuerto antes de partir y otra al volver ante la televisión de nuestro país, jaleando la gente nuestro nombre al viento y pagándonos con sinceros aplausos y sonrisas.

Muchas cosas más sucedieron en el viaje con las cuales se podría escribir una gran enciclopedia, pero sobre todo un servidor pardillo se queda con la ilusión de una niña a la que cantamos en tierras americanas. Eso es lo que hace la Tuna, sea del modo que sea repartir ilusión allá donde va.

Y sobre todo recuerden, señores y señoras esto es la Tuna y si parpadean se lo pueden perder.

Tomatito.