Cronica del viaje a New York, febrero 2012. (2ª parte)

Una vez situados en aquel hogar salieron esa noche un veterano y dos pardillos a conocer las gentes y enjundias de ese lugar y por suerte fuimos a dar con un irish bar. Las gentes del mismo se sorprendieron en gran medida al ver a tres sujetos con las vestiduras que nos caracterizan y nos invitaron a tañir nuestras guitarras y a deleitarles con nuestras “dulces” voces a cambio de un poco de zumo de cebada y el contoneo de unos cuerpos de mujer al compás de nuestro son. Y en el momento en el que el ambiente invitaba a un desenlace funesto apareciose un amigo latino que nos invitó a pasar una noche de diversión en su compañía en una taberna de su tierra de estilo sanandréico en el que seguimos bebiendo brebajes de los que calientan el alma y el corazón, hasta que pensando en el duro día que nos esperaba tornamos a nuestro aposento, acompañándonos el camino una simpática granizada.
Al siguiente día un servidor pardillo comprendió el porqué del adjetivo andariego de nuestra noble e insigne institución conociendo una ciudad cuyos edificios y gentes no nos iban a dejar indiferentes.


Siguieron pasando los días y entretejiéndose nuestro sino, acabando con unas bellas damiselas de nuestra tierra que nos ofrecieron posada, a cambio les premiamos con nuestra presencia en la ajetreada noche nocturna neoyorkina y, aunque no pudo ser, se les agradece desde aquí su amabilidad. Esa misma noche, unos acabamos con ellas y otros en un local de encuentro nocturno de la juventud que procederé a contar más adelante.
Nuestra morada en tan singular barrio llegó a su fin y se encontró una casa donde hospedarnos en el famoso barrio del Bronx, cuya fama no vamos a relatar y sí, sin embargo, a abolir desde aquí, ya que sus gentes resultaron en gran medida amables aunque les resultaran ampliamente extraños nuestros ropajes. En la estancia en ese bello lugar pudo asistir la Tuna a una estampa de lo más pintoresca: jugar junto a unos amigos “rubios” (allí no se podía utilizar la palabra negro) a un partido de basket en el que sacamos a relucir nuestras nefastas cualidades al manejo de la esfera.